CHAOS CONDENSED MAGIA 47% VOL. LYRICS

 
"No se engañen los que nos miran y observan; esto no es historia de amor ni final feliz.
Este es el principio de una vida con los ojos abiertos".
Así podría haber comenzado a escribir mi historia, si es que mi historia fuera algo para ser
contado, o si hubiera pensado en escribirla cuando aún estaba a tiempo. Pero ya sabes lo
que pasa siempre.
No sé si alguna vez te han contado lo del flautista de Hamelín. El tipo se vengó de un
pueblo entero que se negó a pagarle lo que era suyo, se marchó tocando la flauta y todos
los niños le siguieron hasta un lugar dentro de la montaña. No se volvió a saber de ellos.
Todos se fueron tras él y yo me quedé solo, se los llevó a una especie de cielo para la
gente con piernas.
La idea es que todo transcurre por gravedad, más o menos, o dicho de otro modo, como
el agua cuando cae por un cristal inclinado. Si el chorro es muy fino, te habrás fijado en
que no cae en línea recta, sino haciendo eses, que más o menos, siguen la línea de
máxima pendiente del cristal. Esto de la máxima pendiente no lo comprendí del todo bien
hasta que la conocí a ella, pero ahora no viene al cuento, porque tenemos prisa. El caso
es que el agua no baja en línea recta, y que es imposible predecir su camino. Sería muy
complicado hacer por ejemplo que el agua subiera por el cristal, pero se necesita muy
poco para variar su curso en estas circunstancias. Y como te hablo del agua te hablo del
whisky.
Lo que quiero decir, es que vivimos en mundo de apariencias provenientes de los
residuos del caos, de esos números que corren mucho más allá de la coma de los
decimales, que tienen poca importancia a la hora de ver cuántos vasos caben en una
botella, pero que pueden marcar la diferencia entre que la botella se rompa o no si se cae
sobre la mesa. Y yo nunca quise eso, te doy mi palabra de que hice todo lo posible por
evitar que la botella se rompiera.
Y tu dirás que qué coño tiene que ver todo esto con el flautista de Hamelín. La magia
amigo, la Magia. ¿Dónde está la magia? Me miro desnudo acostado en la cama y con mil
años, y veo mi barriga hinchada y el pelo que ya no tengo en la cabeza cubriendo mi
cuerpo, ¿dónde está la magia ahora? ¿Dónde está tras los 130 metros y el chirrido de un
tren? Miro el fondo del báter y veo una copia perfecta de mis intestinos, flotando a medio
camino entre el pasado más cálido y del futuro más incierto. ¿Magia? Hilos de whisky.
Siempre creí que un huevo y una castaña se parecían más de lo que la gente creía. Y a
pesar de todo ¿está ahí? Es difícil saberlo. La muy puta.
El agua cayendo, la lluvia sobre el techo de lata y el cristal mientras la penetro
dulcemente, la lluvia sobre el cristal la noche que invocamos a Jim Morrison, los cuadros
de fractales y el hachís. Deja que te diga una cosa: ese sucio bastardo se los llevó a una
especie de cielo para gente con piernas, y yo me quedé solo, mirando las palomas desde
aquella azotea.
Ayer me visitó un duende.
Las palomas son ratas con alas; se alimentan de los deshechos de las ciudades y de las
tristezas de las personas.
Ver y ver más allá, escuchar y oír la música en los botes vacíos y las botellas a medias.
La magia, la magia no ayuda a encontrar el camino si no sabes a dónde quieres ir. Ella
me había enseñado todo aquello, me lo había dibujado con su cuerpo mientras la lluvia de
siempre golpeaba el mismo vidrio cansado de su buhardilla, biblias enteras entre golpe de
gota y golpe de gota. Y no me atrevía a llamarlo amor, porque el amor es eso que sale por
la tele y de lo que todo el mundo habla.
Y existen las versiones oficiales, de todo. De hecho, llega un momento en el que no
importa lo que pasó ni la verdad ,por muchas caras que tenga. Ya sólo queda la
interpretación sancionada. Te dicen lo que tienes que pensar, cuándo bailar y cuándo
llorar.
¿Alguna vez has comido carne que tú mismo has asado al fuego? La sangre mancha, y te
la limpias con ceniza y frotando, por ejemplo, contra una pared. Y ya que frotas, pues
dibujas. Así empezaron las pinturas rupestres, o al menos así las hubiera empezado yo si
hubiera tenido toda la prehistoria para mi y para cazar ñus (remember GNU's Not Unix).
Traumatismo craneoencefálico.
Verás. Todo es imposible, o mejor dicho, todo lo que ocurre a nuestro alrededor es tan
improbable que es casi imposible. Y sin embargo ahí está. Golpea dos varillas metálicas.
¿Cuál es la probabilidad de que en este lugar en este momento, se golpearan estas
varillas? ¿Y la de que las golpearas tú en concreto? ¿Y de que la persona las hubiera
golpeado porque alguien se lo pidió? ¿Y la de que no llueva hoy? ¿O la de que tu
pudieras estar aquí? ¿De que tus padres hubieran nacido en una misma época? ¿Y se
hubieran conocido? ¿Y te hubieran engendrado? ¿Y de que sus padres se hubieran
conocido, y los padres de sus padres antes que ellos? ¿De que las varillas tuvieran barro?
¿De que fueran redondas? ¿De que no las hubieras golpeado? Y a parir de aquí todo lo
que queda por delante es aún más improbable todavía. Las cosas que vas a hacer y las
que no harás nunca te definen por igual. De hecho, había una posibilidad de que otro tú
las hubiera hecho, y estás aquí porque algo hizo que ocurriera la tuya.
Todo comenzó con aquel gran pedo. A partir de ahí comenzaron a desparramarse
posibilidades, como fichas de dominó que van cayendo unas sobre otras. Y eso es a lo
que llamamos tiempo, a la onda de avance de las fichas que caen. Nosotros no podemos
relacionarnos con la imagen total, sólo podemos percibir el instante de la caída de una
ficha, el golpecito, y cómo cae la siguiente; y además, sólo en el entorno de posibilidad
que nos incluye como resultado de un fenómeno que ocurrió en el pasado (toda la cadena
que llevó al momento de tu creación, al parto, la infancia y al momento en el que estás
ahora). Pero es que además, hay fichas que caen con efecto, que salen disparadas para
acertar a determinadas fichas. Como cuando sueltas algo que tienes en la mano: esa
ficha irá directa a la que dice que ese algo caerá al suelo. Así que hay un cierto sentido de
avance privilegiado, un camino que sigue los designios del que colocó las fichas de modo
que éstas pudieran caer unas sobre otras, aunque ninguna tenía que caer sobre ninguna
otra en concreto, o los óptimos de energía, la pérdida de energía potencial.
Por eso aumenta el desorden. Y conociendo los caminos que llevan a unas fichas a caer
sobre otras podemos favorecer que ocurran las cosas según nuestro deseo. Y en eso
consiste la magia, en aprender a tirar las fichas con efecto.
Ahora si, un huevo y una castaña, pero al principio nada es tan claro, no es tan evidente,
hay que educarse para descubrirlo.
Tiene gracia, después de tanto hablar de Caos y probabilidad llegó aquella décima de
segundo perdida en el tiempo, tan absurda como todas, la misma que en los otros cinco
mil accidentes que ocurren cada año, entre los millones que no suceden.
Dios es ese brillo azul tras la estática blanca al otro lado de un respirador artificial y la voz
de un cura o un celador, es cuando una mano anónima te cierra los ojos y apaga las
máquinas, es un suspiro tras el silencio de una caja de pino cuando ya han cerrado la
tapa, el aullido de los gases ardiendo en un túnel de fuego.
Y al final, cuando el universo termine no quedarán más posibilidades, y las dos últimas
serán la probabilidad de que todo comience de nuevo contra la de que no ocurra nada
más.
O tal vez un enanito entre en una habitación enorme llena de fichas de dominó
desperdigadas por el suelo, y decida volver a colocarlas de nuevo.
O tal vez no.